|
Platero es pequeño,
peludo, suave; tan blando por fuera, que
se diría todo de algodón,
que no lleva huesos. Sólo los espejos
de azabache de sus ojos son duros cual dos
escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia
tibiamente con su hocico, rozándolas
apenas, las florecillas rosas, celestes
y gualdas
Lo llamo dulcemente: "¿Platero?",
y viene a mi con un trotecillo alegre que
parece que se ríe, en no sé
qué cascabeleo ideal
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas,
mandarinas, las uvas moscateles, todas de
ámbar, los higos morados, con su
cristalina gotita de miel
Es tierno y mimoso igual que un niño,
que una niña
; pero fuerte y
seco por dentro, como de piedra.
Cuando paso sobre él, los domingos,
por las últimas callejas del pueblo,
los hombres del campo, vestidos de limpio
y despaciosos, se quedan mirándolo:
-Tien´asero
|